Se adivina el otoño


en las tristes miradas de los árboles,
en el alma dormida de las flores,
en la sombra sonora de la tarde,
en el silencio de los pájaros,
en la soledad de las calles,
en los abrazos rotos
por el filo distante de la ausencia,
en los niños ausentes,
en ti, que me pregustas por esa luz
callada del pasiaje
y en el amor, que hoy vuelve
a sembrar de caricias nuestra noche.



